La industria del whiskey irlandés está en auge, y sólo hay que ver la cantidad de destilerías que han aparecido en los últimos años en la isla británica. En 2013 había sólo 5, ahora hay 18, y más que surgirán. Además, toda esta nueva hornada de compañías destiladoras ha venido acompañada con premios y Writers’ Tears, de Walsh Whiskey, es uno de ellos. Hoy hablamos de él. 

Walsh Whiskey

Podemos considerar esta destilería, fundada en 1999, como una de las precursoras del resurgir del whiskey en Irlanda. La idea de Bernard y Rosemary Walsh, los fundadores, era crear un whiskey novedoso pero con marcada tradición irlandesa. Así, aunaron en una botella un whiskey Single Pot Still, al estilo irlandés, y un single malt de creación propia. Este último lo comercializan bajo el nombre The Irishman, mientras que el primero es el objeto de este artículo: Writers’ Tears. Ambos whiskey tienen ya varios premios nacionales e internacionales a sus espaldas. 

Por cierto, a esta combinación de Single Pot Still con Single Malt lo han clasificado como blended whiskey. Imagino que por el hecho de que todo lo que no sea un single malt, entra directamente en la categoría de Grain Whiskey. Sea como sea, la palabra innovación forma parte de los valores del matrimonio Walsh, junto con los de perseverancia, creatividad, respetuosidad, integridad y responsabilidad. Lo tienen bien claro. 

Writers Tears

Writers Tears’ Copper Pot

El S. XIX supuso para Irlanda un boom tanto para la producción de whiskey como la literaria. Por un lado, porque antes de que se popularizara la destilación contínua en Escocia en ese mismo siglo, Irlanda era la potencia mundial del whisky. Y por otro lado, porque escritores como James Joyce, Samuel Beckett, Bram Stoker, Lady Gregory, Oscar Wilde y Bernard Shaw pusieron a su nación en el centro del mapa literario internacional. Este whiskey homenajea a ambos. Eso sí, en la web de la destilería Walsh aclaran que ningún escritor resultó herido en la elaboración de este whisky. 

La Cata

Color: Bizcocho/queque recién sacado del horno. 

Al olfato: Dulce de fruta escarchada y miel. Se percibe de entrada que se trata de una malta irlandesa y es muy agradable. Soy muy fan de estos whiskies porque tienen un aroma dulce muy característico. En sucesivas catas percibo una nota cereal. 

Al paladar: Ligero y dulce, pero menos de lo que podría esperar de un whiskey irlandés. Se lo debo adjudicar al single malt utilizado. Se aprecian notas de miel, fruta escarchada, jengibre y vainilla. Ahora es más fácil saborear la nota de cereal malteado. Sin embargo, en el regusto se me queda una nota de ciruela amarga que no me termina de convencer. 

Conclusión: Me acerqué a este whiskey con mucho entusiasmo debido a las buenas críticas. Tal vez demasiado. Y la verdad es que pienso que sí es un buen whiskey, pero no todo lo que esperaba. No sé si se debe a la mezcla de Single Pot Still whiskey y Single Malt, pero esa nota amarga del regusto ha pesado en la valoración final. 

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