En esta última década el whisky escocés está viviendo una explosión de crecimiento como hacía tiempo que no gozaba. Podemos ver como surgen nuevas destilerías en lugares tan recónditos como la isla de Lewis, la de Barra, o la isla de Raasay, por poner unos ejemplos.  Y también asistimos al resurgimiento de viejas glorias como Port Ellen en Islay y Brora en las Tierras Altas. Pero si hay una zona que está viviendo una segunda juventud son las Tierras Bajas. Si hasta hace unos años sólo había siete destilerías en activo, actualmente hay más del doble en funcionamiento y unas siete más en desarrollo. Hoy nos centramos en una de ellas y uno de sus single malt: Kingsbarns Dream to Dram

Las Grandes Tierras Bajas

Desde el siglo XIX hasta casi mediados del XX las Tierras Bajas de Escocia fue una región productora de whisky casi tan popular como Speyside. La Revolución Industrial y la Ley de Impuestos Especiales de 1823 convirtieron los grandes centros urbanos del sur escocés, léase Glasgow y Edimburgo, en auténticas fábricas de líquido dorado, especialmente blended whiskies. Sin embargo, la sobreproducción hizo que toda la segunda mitad del siglo pasado fuese un calvario para muchas destilerías, y progresivamente fueron desapareciendo. Por concretar, posiblemente la década de los 80 fue de las peores en la historia del destilado nacional, y las Lowlands se vieron duramente afectadas. 

Kingsbarns
Caledonian Distillery (1855-1988). La más grande de Escocia estuvo en Edimburgo.

Sin embargo, los años 90 supusieron el redescubrimiento de los single malt y desde entonces la industria no ha parado de crecer. Evidentemente, no fueron pocos los que se acordaron del pasado glorioso de las Lowlands, y han optado por abrir sus destilerías en la región, lejos de las superpobladas Highlands. 

Kingsbarns, hija del golf

La idea de la destilería Kingsbarns vino de la mente de Douglas Clement, un antiguo caddie del legendario campo de golf de St. Andrews. Este hombre se dio cuenta de que no había una destilería cerca del campo, y pensó que sería la atracción perfecta para muchos aficionados al deporte de los 18 hoyos. Así que Clement compró en 2009 una granja cercana a St. Andrews con la ambición de convertirla en su compañía. 

Pero financiar tremendo proyecto no fue tarea fácil y a pesar de los aportes de los inversores y del propio gobierno escocés, faltaba mucho por hacer. La ayuda vino de manos de la familia Wemyss, que históricamente han tenido una gran vinculación con la producción de whisky. Y es que en el siglo XIX John Haig construyó su destilería de Cameron Bridge en terrenos propiedad de los Wemyss, y desde entonces este nombre ha formado parte del mundo destilero escocés.  

En 2014 se inauguró oficialmente la Kingsbarns distillery y en marzo de 2015 llenaron su primer barril. 

Kingsbarns

Kingsbarns Dream to Dram 46% alc. vol.

A pesar de ser una destilería joven, ya cuenta con siete expresiones entre sus maltas. La que nos ocupa hoy es su single malt básico, Dream to Dram, y que bien sirve de introducción a sus productos y hace de seña de identidad de la compañía. 

Por un lado estamos ante un single malt que con esos 46% de alcohol en volumen ya nos indica que en Kingsbarns son de la opinión de que ese es el porcentaje ideal para un whisky de malta, lo que es de agradecer. Por otro lado, se trata de un whisky sin edad registrada envejecido en barricas nuevas de ex bourbon y barricas de vino tinto portugués ¿Cuánto de joven es? Veamos.

La Cata

Color: vino blanco, muy ligero. La destilería dice que es color natural y que además no filtran en frío. Más declaraciones de intenciones. Yo sinceramente aprecio la honestidad de Kingsbarns y que no tengan miedo en ofrecer un whisky tan joven sin colorante. A la vista me aventuraría a decir que estamos ante una expresión de cinco años o menos. 

Al olfato: A medida que acerco la nariz al vaso ya percibo ciertas notas florales. Sin duda es un whisky perfumado y yo encantado que estoy. Por momentos me llegan leves notas de rosas. Con la nariz al borde del vaso aprecio vainilla, dulce de frutas silvestres y albaricoque. Curiosamente cuando lo dejo descansar unos cinco minutos logro oler algo de natillas. Sin duda la nariz es de lo mejor de este whisky. 

Al paladar: Entrada muy suave, casi inofensivo. ¿Dónde están los 46% de alcohol? Si fuera una cata a ciegas diría que son 43 o incluso 40% de alcohol en volumen. Aprecio sabores de vainilla, manzanas y pastel de fresas. En el regusto un poco de naranja dulce. Pero también percibo ciertas reminiscencias al espirituoso, lo que me hace recordar lo joven que es este whisky. Final ligeramente picante de pimienta blanca, pero corto. 

Conclusiones: ¿Alguien busca un buen ejemplo de un single malt típico de las Lowlands? Aquí tienes Kingsbarns Dream to Dram. Es un single malt joven, pero esas barricas de bourbon y vino tinto portugués han hecho su magia y logran que no tome en demasiada consideración la juventud del producto. Creo que es un whisky que sirve muy bien como aperitivo o de postre ligero tras una buena comida. Uno más de esos single malt que se une a la lista de recomendaciones para alguien que no suele tomar whisky. 

Yo estoy ya subido en el barco de Kingsbarns. A partir de ahora me acercaré con mucho interés a todo lo que tengan que ofrecer.  

AQUÍ te dejo un enlace a Amazon.es por si lo deseas probar por unos 47€.

Sistema de Puntuación

En este artículo hay enlaces de comisiones para tu interés y para apoyar a esta web.